El extraño caso del ladrón de abrazos “Había una vez un ladrón tan extraño que lo único que quería era un abrazo. Por eso le llamaban el ladrón de abrazos. Pero como robar abrazos no es delito, este curioso ladrón seguía haciendo de las suyas. El ladrón de abrazos salía a la calle todos los días, dispuesto a meterse en medio de cualquiera pareja de personas que estuvieran abrazándose. Pero resultaba tan molesto que la gente procuraba no tocarse en público, por si acaso. Esto no gustaba al ladrón de abrazos, así que tenía que buscar una solución. Lo que hacía el ladrón de abrazos cuando no conseguía meterse en ninguno era atracar un establecimiento lleno de gente. Le daba igual que fuera un banco, un supermercado o un hospital. El ladrón de abrazos entraba en el sitio elegido con un porra y decía: -¡Esto es un atraco! ¡Abran sus brazos si no quieren llevarse un buen porrazo! Y la gente abría los brazos. Y el ladrón de abrazos iba uno por uno buscando un achuchón hasta que o...
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